Un tepalcate del mismo jarro


Y con las otras 130 obras contemporáneas que componen la nueva exhibición del Colorado Springs Centro de Bellas Artes, La Cerámica de Tonalá: El Legado de los Mil años, se atrae también así a los espectadores en un plano intelectual, presentando un cuerpo de trabajo cuyo atractivo es tanto sorprendente como duradero.

En escencia, el punto de interés de la cerámica de Tonalá se reduce a la genealogía. Al igual que con un árbol genealógico, la historia del patrimonio artístico del pueblo de Jalisco es uno de los elementos dispares que se unen y se extienden en nuevas direcciones, cada vez más elevadas. Con cada generación, el arte ha ganado en notoriedad, creatividad y prestigio. Vasos y esculturas que fueron, en tiempos pre-colombinos, empleados para propósitos utilitarios o religiosos, son ahora objetos muy buscados a nivel internacional.

En sus más tiernos días, la industria de la cerámica en México fue fecundada por la conquista española; piezas que fueron valoradas una vez como objetos espirituales se exportaron de pronto para la gracia de castillos y catedrales de la España imperial. Fue en ese momento en que la cerámica de Tonalá comenzó a ganar notoriedad y la demanda por las piezas creció.

"El resultado es algo que es muy único", dice la curadora de la FAC de arte hispano y nativo americano Tariana Navas-Nieves. "No se puede decir que es pre-colombino o europeo. Es como ninguna otra cosa."

Eso es porque el arte es un ámbito en el que la cultura europea nueva no anuló totalmente sus antecedentes. Incluso hoy en día, la cerámica de Tonalá exporta figuras de la mitología indígena, además de crucifijos y escenas religiosas cristianas.
"La figura del gato que va a ver es lo que se llama el nagual", explica Navas-Nieves. "Se basa en un ser 'que cambia de forma' o chamán."

Ese motivo, junto con las de flores, animales, figuras humanas y unas cuantas calaveras, es exuberantemente representado con esmaltes ricos, terrosos, aplicados con pinceladas increíblemente delgadas.

En la superficie, la arcilla puede haber sido sometidos a uno de los muchos tipos de acabado, desde bruñido (pulido de metal con una pátina de vidrio liso) a bétus (sumergida en resina para dar un tono lustre).

En cuanto a ejemplos actuales de la cerámica de Tonalá es como mirar a un niño junto a sus dos abuelos: A pesar de que el joven es único, se puede ver la semejanza en ambos lados.

Navas-Nieves de crédito a los primeros muralistas mexicanos del siglo 20, como Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros, por inculcar a los artistas de Tonalá el orgullo, tanto el nacional como el personal. La transformación es simbolizado por un rasgo distintivo de la piezas de hoy que nunca antes se había visto en la cerámica Tonalá: las firmas de los artistas.

"Cuando la obras es anónima, esta puede convertirse en muestra etnográfica, en objetos culturales ", dice Navas-Nieves. "Y pienso que hay un giro dramático cuando empiezas a ver a los artistas firmar sus obras. Los coleccionistas valoran esto. Esa es una parte importante de por qué estos artistas son reconocidos, es porque están empezando a ser reconocidos como individuos. "

Pero ya sea que el arte sea producido como una expresión comunal cultural o como una manera de tomar la propiedad individual de la tradición creativa, el espíritu de las piezas por sí mismas expresan el orgullo en la cultura mexicana.

"Usted ve las obras que están creando hoy, y usted puede reconocer el elemento que se remonta a los orígenes", dice Navas-Nieves. "Es realmente una tradición mexicana. Es acerca de la identidad mexicana. Es una parte muy importante de lo que hace de México, México".

 
FacebookTwitter